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Trabajar más o trabajar mejor es algo que debes considerar hoy más que nunca, cuando la tecnología se ha convertido en una gran herramienta, que nos permite acortar tiempo en muchas cosas que antes hacíamos sin su ayuda. Sin embargo, a pesar de todas las comodidades, seguimos estando ocupados. En muchas ocasiones, vemos el “estar ocupado” como algo bueno, y el no estarlo como un sinónimo de ser perezoso: el contrario a lo que un buen empresario representa.

La actividad laboral crónica es una de las únicas adicciones en el mundo occidental que la gente celebra. Se asocia con la importancia, el impulso y los logros. Pero es importante notar que estar demasiado ocupado no es el estado óptimo. De hecho, no es más que una indicación de un estado de caos, más que de un estado de enfoque.

En realidad, es la concentración el estado óptimo para trabajar eficazmente. Cuando nos centramos en las cosas importantes que tenemos que hacer, y las hacemos bien, en realidad logramos más. Además, de esta manera simplificamos nuestras vidas en el proceso.

Por supuesto, hay momentos en nuestras vidas en los que necesitaremos trabajar todo el tiempo y mantenernos  ocupados. Pero cuando vivimos constantemente en un estado completo de ocupación, y lo aceptamos como nuestro estado de ser, estamos decidiendo no abordar la problemática que esto trae consigo.

El Principio de Pareto

Cuando se trata del exceso de ocupación, una de las mejores cosas que podemos hacer es aplicar el Principio de Pareto. Este establece que el 20% de nuestros esfuerzos generan el 80% de resultados. Puede que este no sea un porcentaje realmente exacto y aplicable a todos los casos, sin embargo, si expresa un punto válido, referido a que no todo lo que hacemos en nuestro día a día contribuye en los resultados que queremos conseguir.

El problema con esto es que muchos de nosotros pensamos en ese 20% que debería llevarnos a los resultados que queremos. Penser en ello es es esencial para organizar mejor tu tiempo y saber qué cosas estás haciendo que realmente no contribuyen con tus propósitos.

Generalmente, estamos acostumbrados a abrumarnos debido a que hacemos demasiadas cosas a la vez. Y cuando nos sobrecargamos, lo más probable es que nuestra concentración baje, impidiéndonos rendir al máximo. Lo mejor que podemos hacer es encontrar pocas cosas realmente importantes en las que debamos enfocarnos cada día o semana. A continuación aprende a  delegar o enfócate poco a poco en aquello que no es tan importante.

Es importante liberar la energía y el poder cerebral para permitirte a ti mismo enfocarte en las tareas que producen resultados, evitando la postergación o el agotamiento. También, es importante estar consciente que habrá tareas que surjan de repente y que requieren de tu atención. Ahora, estas tareas hacen de la distracción un elemento constante de tu día de trabajo.

Cuando estas tareas imprevistas surgen, es necesario saber diferenciar lo importante de lo que no lo es. Solo así, podremos disponer un pequeño momento y priorizar aquellas actividades que, en realidad, si nos ayudan a conseguir nuestros objetivos, en lugar de vernos envueltos en un torbellino de actividades por hacer.

El trabajo enfocado es el mejor trabajo

Varios estudios de neurociencia han sugerido que cada vez que cambiamos de tarea, es decir, hacemos multitasking, nos cuesta al menos media hora volver a retomar el hilo de lo que estábamos haciendo. Puede que no pensemos que el multitasking se interpone en nuestro trabajo (de hecho, solemos creer lo contrario), pero lo cierto es que perdemos alrededor del 40% de nuestra productividad. Si la tarea que estábamos realizando requiere concentración, significa que es muy probable que cometamos errores y perdamos tiempo corrigiéndolos.

Es por ello que lo mejor que podemos hacer es enfocarnos en una sola cosa al 100%, evitar las distracciones y completar cada una de las tareas realizadas. Esto resulta realmente útil cuando debemos hacer tareas complicadas, debido a que las completamos en el menor tiempo posible y sin errores. Cuando eliminamos las distracciones, nuestro trabajo fluye mucho mejor y nos sentimos más animados para seguir.

Por último, debes recordar que el cerebro no está diseñado para estar en funcionamiento las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Necesitamos permitirnos a nosotros mismos distraernos y pensar en otras cosas, ya que la adicción al trabajo nos sobrecarga, y resulta vital para nuestra concentración el poder despejar la mente.