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En el mundo moderno, el liderazgo puede presentarse en muchas ramas, que surgen de las distintas áreas del conocimiento y buscan darle un nuevo enfoque a algo tan necesario como esto. El término “Neuroliderazgo” fue acuñado por David Rock, CEO de Results Coaching Systems, en 2006.

Surgió de la necesidad de entender más acerca de cómo podríamos ser mejores líderes para ser más eficaces en el liderazgo de los demás y de nosotros mismos, comprometiéndonos con lo que nuestro cerebro nos dice acerca de ser humanos.

Para su nacimiento, fue necesario el aporte de las grandes tecnologías de investigación, en que los neurocientíficos pudieron observar cerebros humanos vivos (por ejemplo, a través de resonancias magnéticas) y descubrir muchas cosas importantes sobre el funcionamiento del cerebro humano.

¿En que se basa el neuroliderazgo?

El campo del neuroliderazgo explora las bases neuronales de las prácticas de liderazgo y gestión, y reúne hallazgos de una serie de diferentes fuentes como la neurociencia social cognitiva y afectiva, la neurociencia cognitiva, la neurociencia integradora, la neurobiología y otros dominios dentro de la neurociencia.  Se espera que al desarrollar una ciencia para el liderazgo, que tenga en cuenta la fisiología de la mente y el cerebro, sea más fácilmente accesible para aquellos líderes que estén interesados en el desarrollo y la mejora de uno mismo y de los demás.

El énfasis del neuroliderazgo se encuentra principalmente en las personas más que en las funciones de dirección o liderazgo y, además, enfatiza en cómo nos conectamos y relacionamos unos con otros.

Áreas de estudio del neuroliderazgo

Hay cuatro áreas de estudio dentro del neuroliderazgo: toma de decisiones y resolución de problemas, regulación emocional, colaboración e influencia con los demás y facilitación del cambio. Cada una de ellas puede integrar una perspectiva de la neurociencia con los modelos existentes que nos apoyan en el tratamiento de problemas comunes.

Desde la perspectiva del neuroliderazgo,  aprendemos que el principio organizador de los cerebros es minimizar la amenaza y maximizar la recompensa y así nos comportamos de manera no consciente para evitar la amenaza y obtener placer.

Además, nos enseña que comprometerse con los equipos es más fácil cuando se entiende que los seres humanos fueron diseñados para conectar con los demás.  Como seres sociales, estamos impulsados a involucrarnos y así, si podemos crear ambientes amigables para el cerebro, nuestros equipos prosperarán.  Esto implica un poco de neurobiología y una comprensión de cómo los neurotransmisores y las hormonas que nuestro cerebro produce, impactan en nuestro comportamiento.

Sin duda alguna, el Neuroliderazgo puede alcanzar un lugar importante dentro de las empresas durante los próximos años, al mezclar una rama científica del conocimiento con la parte humana y social que todo negocio requiere para funcionar perfectamente.

Aplicar el neuroliderazgo

Para aplicar el Neuroliderazgo, es importante que entendamos que los humanos funcionamos gracias al cerebro: una pieza extremadamente especializada y que tiene distintas reacciones para cada estímulo: el estrés de un plazo de entrega, la incertidumbre ocasionada por la presión de mantener el puesto de trabajo o incluso la retroalimentación obtenida por parte de nuestros superiores pueden afectar el desempeño de cada individuo y, con esto, afectar el desenvolvimiento de esa gran maquinaria que es tu negocio.