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Muchas personas, además de profesionales y líderes de negocios, son padres. Y hay algo que muchas personas no toman en cuenta: las luchas de los líderes de la casa no son muy distintas a las del líder de una empresa. En particular, en ambos contextos los líderes se debaten entre su deseo de controlar a los demás y su necesidad de dejarlos ir. Encontrar un término medio no es nada fácil.

Según algunos psicólogos, los padres suelen comportarse de forma autoritaria, permisiva o negligente, con tendencia a oscilar entre los tres enfoques. Los padres autoritarios ejercen demasiado control. Los padres permisivos permiten demasiada autonomía a los niños. Los padres negligentes no permiten ni el control ni la autonomía, simplemente están ausentes o no se involucran.

Una cuarta opción es más adecuada para el crecimiento humano que estas tres. Los padres pueden adoptar un punto intermedio, fomentando un sentido de autonomía y permitiendo al mismo tiempo al menos algo de estructura. De hecho, los mejores líderes también adoptan este punto intermedio dentro de las organizaciones, aunque de una manera algo específica. Deciden poner unas pocas barandillas críticas -un marco básico- para guiar a los empleados en su ejercicio de la autonomía. Así, podemos llamar a este enfoque libertad dentro de un marco.

Líder sin autoritarismo

Para convertirse en un líder más autoritario sin llegar al extremo, podrías dar dos pasos básicos. En primer lugar, es importante comunicar un marco claro. Para que sea duradero, es necesario que contenga afirmaciones tanto positivas («tú debes») como negativas («tú no debes»). Así, se estipulan los tipos de comportamientos que son aceptables y los que no lo son. 

En segundo lugar, hay que reforzar el marco y hacer que la gente rinda cuentas. Cuando haces esto, con el tiempo, la lista de lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer llega a formar parte de una pequeña brújula interior, que guía el comportamiento de tus empleados con el pasar del tiempo sin desvanecerse, queda fija y les ayuda a seguir siempre el camino correcto. 

Permitir que los empleados ejerzan su autonomía dentro de unos límites claros puede dar resultados favorables. Netflix ha descrito su cultura como una amalgama de «libertad y responsabilidad». Por libertad, la empresa no se refiere a la libertad de acción. Sí, los trabajadores tienen la libertad de expresar puntos de vista opuestos, y también tienen un amplio margen de maniobra con sus opciones de vacaciones y viajes. Pero la libertad conlleva responsabilidad, lo que significa que tienen la obligación de trabajar de forma proactiva para promover la misión de la empresa.

Liderazgo y control

Alaska Airlines también se ha convertido en una de las aerolíneas con más éxito y mejor consideradas al dar a sus trabajadores de primera línea mucho más control sobre las cuestiones de atención al cliente que la mayoría de sus competidores, pero dentro de unos límites que cumplen las normas de la empresa en materia de seguridad, atención, entrega y presentación.  Así, si un empleado del servicio de atención al cliente decide sobre la marcha renunciar a la tarifa de un titular de billete debido a una lesión, está seguro de que la empresa lo aprobará.

Mantener la tensión entre el control y la autonomía no es fácil, y es posible que a veces puedas desviarte demasiado en una u otra dirección. Pero con un marco sólido y bien articulado, podrás corregir los excesos y mantenerte más o menos en la zona media con el tiempo. En casa y en el trabajo, una mezcla de control y autonomía suele ser la fórmula ganadora.