¿Cuántas veces te has encontrado con un líder que ha tenido éxito en guiar a otros diciendo una cosa y luego haciendo algo diferente? No muy a menudo, ¿verdad? Eso es simplemente porque no funciona. Muy probablemente, los principios que se enseñan sin realmente ponerlos en práctica se quedan atrasados y en el olvido.

Sobre todo, cuando te encuentras en una posición de autoridad, es importante que prediques con el ejemplo, si lo que esperas es que las personas cumplan y sigan lo que dices. Esta es la mejor manera de lograr que alguien entienda realmente qué es lo que pides y cómo esperas que se haga.

¿Por qué debería predicar tus principios con el ejemplo?

En primer lugar, obtendrás un gran apoyo a tus principios con solo los resultados de lo que hagas. Por ejemplo, si te preocupa enseñar a alguien a ser honesto, lo mejor es que tú mismo seas honesto. Cuando la gente vea que te ganas la confianza de los demás a través de la honestidad, es muy probable que ellos mismos quieran replicar este comportamiento, ya que están viendo los beneficios que trae consigo.

También facilitará la comprensión plena de los principios que buscas. No siempre será suficiente con hablar de los principios y transmitirlos para que las personas los entiendan. La mayoría de las personas pueden, incluso, tener una visión completamente distinta de la tuya sobre lo que esperas. Es por ello que, si ven exactamente cómo hacer lo que les dices, habrá menos malentendidos y lograrás una mayor comprensión de lo que buscas.

Además, hacer esto facilitará la cohesión y cooperación entre los miembros de tu equipo, lo cual siempre debes tomar en cuenta. Cuando todo el mundo está de acuerdo, los procesos, los departamentos y las familias funcionan con mayor cohesión. Por supuesto, si los demás ven que cumples plenamente los principios que enseñan, te ganarás un respeto colectivo que viene bastante bien.

¿Qué pasa si no enseño mis principios con ejemplos?

Puede que pienses que esto no es realmente necesario, que puedes enseñar sin tener que ejemplificar todo lo que quieres. Sin embargo, cuando tus acciones dicen lo contrario de lo que predicas, puedes encontrarte con ciertos resultados un poco catastróficos que quizás querrías haber evitado.

Por ejemplo, puedes lograr que las personas que esperas que tengan ciertas responsabilidades o consideraciones contigo se sientan resentidos contigo, sobre todo si enseñas algún principio que pueden ver como un reto para ellos. Esto también te dará una reputación negativa como líder, y te hará ver como un profesor ineficaz, ya que pierdes de vista las propias acciones que enseñas.

Los casos de rebelión seguirán creciendo a medida que más y más personas sientan que se les dicta en lugar de dirigirlos. Es por ello que lo mejor que puedes hacer es enseñar con el ejemplo. Al final, no podrías aprender a sumar si no vieras a tu profesor hacer esta operación paso a paso. Con cualquier cosa que intentes enseñar sucede lo mismo.

¿Cómo empezar a liderar con el ejemplo?

Exponer las expectativas es muy fácil, de hecho, es la parte más fácil de todo esto. Y es un comienzo, ya que esto al menos te dice cuáles son los principios. Pero no es todo lo que hace falta. Puede que al principio te cueste un poco realmente hablar y acompañarlo de los ejemplos que quieres que otros emulen. Sin embargo, no es imposible, solo debes empezar desde algo más pequeño e ir creciendo con ello.

Por ejemplo, puedes empezar con un principio pequeño, y limitarlo a un circulo de influencia inmediato. Date a ti mismo la oportunidad de impartir los conocimientos de tus principios a tu familia y tus amigos cercanos. Aborda uno por uno cada uno de los principios, y esfuérzate para convertirlos en una parte integral de tu día a día.

Cuando hayas dominado uno, pasa a otro. Sin embargo, es importante poder dar testimonio de que la adhesión a ese principio en particular es más beneficiosa que la no adhesión. Hay un elemento de satisfacción cuando puedes mostrar a los demás qué tipo de acciones, pensamientos y comportamientos contribuyen a un resultado mejor y más saludable.

Ahora, esto no es tarea fácil, y eso debes tenerlo claro. Puede que haya momentos en los que no cumplas tus propias expectativas y los principios que aspiras a defender. Sin embargo, lo importante es que lo reconozcas y tomes las medidas necesarias para volver a encaminarte.

 

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